Mujeres Maltratadas

Obra de Vladimir Volegov

Obra de Vladimir Volegov

Emotivo mensaje del alma de una mujer que sufrió toda su vida, hasta comprender que fue una víctima del miedo, la manipulación y el maltrato psicológico.

 Me llamaban Susi, fui una niña inteligente, buena estudiante, buena hija, buena hermana, buena amiga. Fui un ejemplo de pequeña y lo seguí siendo en mi adolescencia y juventud, pero no lo era porque sí, lo era por miedo a que se enfadaran mis padres, me riñeran los maestros y me dejaran mis amigas. Siempre tuve miedo y nunca fui feliz. Conocí a muchos chicos y me enamoré de alguno, pero no llegué a sentir la necesidad de compartir mi vida con ninguno hasta que  conocí a James, en aquel momento creí desprenderme de la prisión en la que me había sentido y por fin empecé a expresarme como mujer y como persona. Quise que me llamaran Susana porque ya me sentía adulta, ya había dejado atrás a la pequeña Susi. El tiempo pasó y lejos de vivir plenamente mi vida expresando mis sentimientos y mi carácter tuve que volver a minimizar mi expansión y mi ansia de libertad, ya que James no era como se mostró en un principio, se volvió autoritario, dominante y amargado ante la vida, parecía que tuviera que pagarlo yo. Nunca me pegó, nunca lo intentó, pero siempre tenía una actitud intransigente conmigo, se creció y yo me vine abajo, el tono de sus palabras era duro y puro enojo; tenía que medir mis palabras hasta el punto de callar. Tuve dos hijos con él, que fueron mis almas, me dieron vida pero llegué a pensar que hubiera sido mejor no tenerlos, ya que James fue tan duro y severo con ellos que les hizo sufrir mucho. Yo lloraba por mí, lloraba por ellos y lloraba por todo. Mis hijos se marcharon pronto de casa, hartos de la amargura de su padre. Quise irme mil veces y mil veces me superó el miedo, ese miedo que me acompañaba desde pequeña. Esa carencia de afecto real que tuve siempre me llevó a no saber nunca qué hacer.  Años más tarde  comprendí que era una mujer maltratada. Mi  maltrato fue sin golpes físicos pero con grandes golpes morales. Llegué al final de mi vida como si hubiera sido una analfabeta y él un rey. Yo fui la que asistí a la universidad, la que tuve un cargo público, la que hablaba idiomas, la que jugaba con mis hijos, la que cuidó a mis padres y a los suyos; pero todo eso no importaba a James porque nunca tenía un gesto amable para mí.   Quizá me quiso, pero nunca me lo dijo, tampoco me llamó Susana, siempre seguí siendo Susi. Nadie puede ser tan perfecto como él pretendía, eso desgastó mi ilusión por la vida, mi aspecto era siempre triste ¿adónde fue a parar mi vida? Alguien dijo que cada uno tiene lo que se merece, pero yo nunca hice daño a nadie, ahora sé que esa frase no es cierta, también creí que estaba equivocada pensando que me maltrataba, que no era para tanto, pero sí lo fue. Cuando James murió, quedé en estado depresivo, mi mente se debatía entre el dolor del apego, el sentimiento de culpa y la frustración de mi vida. Mis hijos tenían su vida lejos de la mía y llevaban señales en sus almas del dolor y la tristeza de su niñez y juventud, por eso sentían un rechazo a la casa donde se habían criado. Ellos me consideraban una víctima, aunque yo les apartaba ese concepto de sus ideas, pero ellos lo vieron y vivieron.

Una noche de caluroso verano salí a mi jardín a ver la luna llena y luminosa de julio, con el murmullo de los arboles agitados por el aire me sentí en paz, sola, ajena al mundo, sin tener que idear un plan perfecto, sin tener que justificarme, ni pedir perdón, ni suplicar…tuve una visión de mi vida y comprendí que mi paso por ella había sido francamente desgraciado y que efectivamente había sido maltratada, no sentí rencor hacía James, incluso me dio pena, comprendí que mis manipuladores padres habían hecho crecer en mí el miedo a sentirme sola, el miedo a todo y los perdoné y me perdoné a mí misma por haber pensado que fue un error haber parido dos hijos y poco a poco fui comprendiendo y abrigando esa paz en el corazón que deseaba para siempre. Empecé a sentir sueño  y me dejé llevar por él hasta dormirme y no despertar más en ese mundo, para hacerlo en el mundo espiritual donde sigo respirando esa paz que sentí por primera vez aquella noche de luna llena, un mes de julio, en el jardín de aquella casa donde tanto sufrí y donde jugaron mis adorados hijos.

-¿Quién eres?

Soy el alma se Susana, que habita en el corazón de todas esas mujeres maltratadas. Difunde mi experiencia para intentar que liberen de sus mentes el peso de culpas y pensamientos limitantes,  para que puedan encontrar el sosiego antes del fin de sus días.

Gracias Susana, lo difundiré en tu nombre.

©Júlia García Cervera. Se concede permiso para compartir sin alteraciones, citando la autora y el sitio web: https://unashorasdeluz.wordpress.com/

Anuncios

2 pensamientos en “Mujeres Maltratadas

  1. Hola Júlia!
    Parece que nos hemos puesto de acuerdo y hemos elegido el día de hoy para publicar nuestro primer artículo tras las vacaciones. Muy impactante el testimonio de Susana, y le agradezco mucho lo que aconseja: liberarse de culpas y limitaciones. Sí, la culpa ya es una limitación.
    Muchos besos y ¡bienvenida!

    • Hola Hada!
      Parece buen día para dar por terminado el descanso bloguero. Y sí, la culpa y el miedo son limitaciones paralizantes.
      Pobre Susana! y lo peor de todo eso es que hay demasiados casos como el suyo de los que no conocemos ni un sólo detalle ni tenemos ninguna sospecha.
      Un abrazo y bienvenida a ti también!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s