Nunca Conocí a mis Bebés

mare i fill (2)

El alma de una mujer nos cuenta el dolor y la culpa que sintió al perder varios bebés antes de nacer, a qué dedicó su vida tras quedarse sola y la experiencia detallada de su traspaso al mundo la luz. Nos habla del infierno que construimos en nuestras mentes. Quiere que lo lean muchas mujeres, en especial las que perdieron a bebés no nacidos, para transmitirles su experiencia y aportarle paz.

Nunca quise hacer daño a nadie, pero siempre me sentí culpable, les perdí uno a uno. Fueron mis hijos por poco tiempo, nunca les vi la cara, nunca los pude criar, ninguno desveló mis noches, ninguno me llamó mamá. A todos les perdí antes del parto, no sé si tenían alma o solo eran cuerpitos. Quizá no querían venir a la vida o puede que yo fuera culpable por no saber retenerlos dentro de mí, ¿hice algo malo antes de engendrarlos o en otra vida? no lo sé, pero era yo quien los perdía, y por perder también perdí a mi esposo, cansado de sobrellevar mi dolor, mis lloros y mi culpa. Intenté disimular el infierno en que me sentía, pero no pude y me quedé sola soportando mi pesar. Llegué a viejita, sí, siempre cuidé niños chiquitos sin papás, algunos muy enfermos y malformados, abandonados a la voluntad de Dios, a ellos entregué mi vida con todo mi corazón, pero nunca pude olvidar a mis bebés perdidos quizá por mi culpa.

Cuando cerré los ojos a la vida me vi envuelta en la oscuridad absoluta y sentí miedo, pensé que estaba en el infierno y al pensar esto vi fuego que se acercaba a mí, quería correr, pero no sabía hacia dónde, sentí pánico por unos momentos, fue entonces cuando noté que me tocaban el hombro y llamaban mi nombre varias veces, ¡Andrea! ¡Andrea! Y como si despertara de un horrible sueño vi un jardín florido en el que había un estanque con grandes estatuas blancas rodeándolo. Sentí una gran tranquilidad al verme allí, lejos de la oscuridad y el fuego inicial, no sé quién había tocado mi hombro. Un chico joven se acercó, era moreno de piel, vestía vaqueros y camiseta blanca. Se dirigió a mí con voz suave:

-Hola Andrea, no pienses en nada que te dé miedo porque lo atraerás a ti, ahora ésta es tu realidad, el lugar que te mereces es hermoso, tranquilo y gratificante, donde reina la paz y la serenidad, un lugar donde quitarte la culpa que no te pertenece y vivir el perdón de quien te hirió, un lugar de reflexión y comprensión, de repaso y avance, un lugar para ser quien eres de verdad tras eliminar todo lo que te condiciona y hace sufrir,  no necesitas castigarte ni que nadie te castigue, este es un lugar lejos del fuego del infierno que ya viviste cuando eras un cuerpo atrapado en una mente llena de culpa.  Todos los niños que perdiste están aquí, esperando que les des todos esos abrazos que nunca les distes, ellos te han esperado para volver a la vida en otro cuerpo, pero necesitáis conoceros y amaros, aunque sea por un tiempo, porque cuando os sintáis cerca los unos de los otros cerraréis el circulo y avanzaréis, ellos hacia la aventura de una vida terrenal y tú hacia la vida espiritual, libre de dolor y culpa. Muchos de los niños que cuidaste estamos aquí, ya ninguno está enfermo, todos estamos libres de malformaciones y hemos comprendido por qué vivimos esa experiencia, poco a poco irás comprendiendo tú también, nos irás reconociendo y podrás sentir todo ese amor que nos entregaste que retorna a ti. Querida Andrea te espera un periodo plácido lleno de inmensa paz e indescriptible amor.

Me coge de la mano y me lleva un poco más allá donde hay muchos niños esperándome, algunos juegan entre ellos, hay cuatro que están parados mirándome, siento algo intenso en mí. Sé que son mis hijos. Miro al joven que me acompaña y como si leyera mi pensamiento me mira y asiente con la cabeza. Salgo corriendo hacia ellos y ellos hacia mí, me agacho y les abrazo, les beso y ellos se ríen y me llaman ¡mamá! ¡Mamá!

Esa fue mi experiencia, la quiero contar porque sé que mi vida no es tan distinta a otras. Quiero que todas las madres que pierden a sus bebés lean lo que viví y lo que ahora experimento lejos de la culpa en ese lugar de paz donde me encuentro. Quizá otras den a luz a mis hijos, pero yo les amaré igual y a ellas también, porque somos parte de esa gran familia espiritual. En el lugar donde me encuentro siempre hay alguien que nos ama, siempre hay reencuentros y siempre hay amor, no existe más infierno que el que crean nuestras mentes, ese infierno nos puede atormentar la vida y trascender después de ella, pero siempre habrá alguien que nos despierte de ese mal sueño y nos ayude a sentirnos en la paz del Hogar espiritual.

Fui Mirtha Andrea, Andrea para los más chiquitos.

Gracias Mirtha Andrea por tu entrega en vida y por contarnos tu experiencia.

©Júlia García. Se concede permiso para compartir sin alteraciones, citando la autora y el sitio web: https://unashorasdeluz.wordpress.com/  https://www.facebook.com/unashorasdeluz/

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19 pensamientos en “Nunca Conocí a mis Bebés

  1. M. AN. dice:

    Precioso ❤ 🙂 Abrazos de luz, Julia

  2. Sanoke dice:

    Gracias a Andrea por su testimonio y a ti Julia por expandirlo. Es doloroso y a la vez hermoso y esperanzador. Gracias de corazón.

  3. Anónimo dice:

    Hola Julia, es un mensaje muy esperanzador y muy emotivo. En el mundo del espíritu nada se pierde, todo existe, la historia de Andrea es muy hermosa, después de sufrir tanto, su espíritu consiguió esa paz tan anhelada.
    Un abrazo de luz!

  4. CRISTINA MM dice:

    Hola Julia, me costo un montón comentar y al fina no se porque salí anónimo. Julia, si alguna ves, ves que no te comento es porque no lo he conseguido.
    Besitos de luz!

  5. Me identifique muchísimo, ya que pase por algo no igual pero similar. Saludos y excelente mensaje!

  6. Omar Elias dice:

    Fuerte relato. Me atrevo a mencionar que yo perdón 2 bebés sin haberlos conocido también, dura realidad y a la vez experiencias que son difíciles de asimilar. Me llegó mucho tu relato. Saludos.

    • Siento que hayas tenido que vivir esa dura experiencia. A veces la vida nos hace vivir cosas que no comprendemos y que cuestan de asimilar. Espero que todos y todas las que hayáis vivido esas pérdidas os podáis reencontrar y abrazar al otro lado de la vida.
      Un abrazo, Omar!

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